El sábado nos acostamos tarde pues había que salir con los novios para festejar su última noche de solteros, por éste mismo motivo, mi novia Karen, y yo, nos levantamos tarde el día de la boda.

Vivíamos en un departamento de apenas treinta y cinco metros cuadrados, con sólo un baño, con lo cual, al ver la hora que era, nos metimos los dos al baño a bañarnos, como no daba tiempo a mucho, decidimos meternos los dos en la estrecha bañera.

Nos lavamos bien el pelo y el cuerpo entero, Karen ya había terminado y me estaba quitando la espuma del cuerpo con la ducha, cuando llegó a mi pene, me bajó la piel y empezó a darme con los chorros de la ducha en el frenillo. Pudo observar como esa cosa enana, pellejuda y negruzca iba creciendo, así que no se detuvo en su labor.

Mi pene estaba muy erecto mientras que Karen seguía jugueteando con el agua. Yo cada vez estaba más cachondo hasta que empecé a meterla un dedo en su almeja para toquetear todas sus paredes, pude ver como mi pareja se estremecía de placer y seguí haciéndolo mientras que le comía un seno.

Al poco rato no podía más y empecé a gemir pues estaba a punto de correrme con los chorros de agua. Mi señorita se puso de rodillas, me empezó a alimentarmeme los huevos y siguió con la ducha. No tarde considerablemente más en soltar mi lefa por toda su cara y cuello. La cosa terminó cuando se metió mi falo corrido en su boca y me la empezó a lamer para bañadarla, después de hacerlo, se levantó y me comió la boca, pasándome de éste modo mi propio esperma.

Al final, llegamos a la iglesia por los pelos. Pasamos todos una agradabilísima tarde juntos a nuestros amigos recién casados y considerablemente más yo, con lo descansadito que me había dejado mi pequeña Karen por la mañana.

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