Aquel día decidí finalizar mi clase de Literatura ya antes de tiempo. Sabía que aquello iba a alegrar a mis pupilos, mas el motivo real era que deseaba pasar unos minutos en solitario con Claudia, una joven a la que deseaba dedicarle unos minutos de atención debido a sus bajas notas en el último semestre. Le pregunté si podía quedarse un instante y sonrió y me respondió que sí. Yo no pude resistirme a dedicarle una sonrisa como contestación. Verdaderamente Claudia era un bombón a pesar de su corta edad. Tenía un buen par de tetas realmente bien puestas y desarrolladas, una cintura definida y unos ojos azules que enamoraban desde la primera mirada que te echaba. Vaya, que aquella joven era un pibón para sus compañeros de clase y la enorme mayoría de los profesores del centro.

Pregunté a Claudia el motivo por el que había sacado tan malas notas recientemente. Ella me sorprendió con su contestación honesta y directa, puesto que me confesó que no podía concentrarse en mis clases pues sentía una atracción realmente fuerte cara mí. Yo procuré mostrarme firme y déspota ante semejante declaración, mas en el momento en que me miró con aquella carita de ángel no pude resistirme y en lugar de hacerle cambiar de parecer, la sujeté por la cintura y le di un beso apasionado en la boca. Todavía el día de hoy no sé realmente bien por qué razón hice aquello, mas la cuestión es que no me arrepiento en lo más mínimo. Ella, en lugar de mostrarse sorprendida, se abalanzó sobre mí y comenzó a quitarme la ropa en la mitad del sala. Yo le proseguí el rollo y comencé a meterle mano bajo su falda. Era una exquisitez palpar con mis manos aquella piel suave, firme y joven, candente de deseo y pasión absoluta.

No es que me quisiese echar pisto, mas lo cierto es que aquella era una ocasión idónea para educar a mi pupila en el arte del sexo y la seducción. Fui guiándola pasito a pasito en todo el proceso hasta el momento en que nos hallamos desnudos por completo. Entonces le afirmé que se tumbase boca abajo sobre mi mesa y le clavé mi polla hasta el fondo de su chochito húmedo y sediento de sexo. No sabía si Claudia tenía novio, ni tan siquiera si era virgen o bien no, mas en el fondo no me importaba. Lo único que deseaba era follármela a saco en mi centro de trabajo y sentir la pasión más absoluta junto a ella.

Tras bajarle las bragas hasta las rodillas, me la comencé a joder con suavidad al comienzo, para entonces ir acelerando el ritmo y incrustrarla literalmente contra mi mesa de maestro. Al tiempo le sujetaba sus grandes tetas y jugueteaba con sus pezones hasta excitarlos y dejarlos bien duros y erectos. Ella chillaba mi nombre y me solicitaba cada vez más, y le daba justo lo que me demandaba. Fue un instante tan caliente que no tardamos en corrernos prácticamente al tiempo. Primero a ella se le cerró el coño y chilló de placer con cada sacudida que le metía. Entonces me llegó el turno de correrme dentro de ella y llenarla con mi leche caliente. Jadeantes, nos pusimos de pie y nos fundimos en un beso apasionado. Poquito a poco nos fuimos vistiendo y disimilamos a fin de que absolutamente nadie nos cogiera. Terminábamos de cruzar una línea algo peligrosa, mas los 2 estábamos persuadidos de reiterar la experiencia cuando nos brotara una nueva ocasión.

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