Llevo muchos años con mi pareja, en verdad es con la única persona que había tenido relaciones íntimas. Pensaba que mi vida sexual era satisfactoria. No soy timorata, creo que en el momento en que una pareja está junta, todo cuanto los 2 deseen está tolerado en el juego del sexo toda vez que no incomode al otro.

Mas un día llego , Ángel, mi amigo y compañero. No tenía inconvenientes en charlar de todo con Ángel, era simple, nos conocíamos de un buen tiempo. Mas un día siguiente de unas copas… Todavía no lo entiendo. Sería el morbo… Me apetecía besarle, ¡de locos! Si es mi amigo no podía comprender que lo miraba con otros ojos. Él me conoce asimismo o bien mejor que misma. Me preguntó, “¿qué te pasa por esa cabeza? No callé. Le afirmé que me apetecía besarle. A él asimismo le apetecía. Fue fantástico, mi cuerpo respondía como jamás a su boca, su mano por mi pierna hacía que me diese electricidad por todo el cuerpo.

En aquellos días tenía las llaves de Ana, otra colega que no estaba en la urbe. No lo pensamos ni un instante. Salimos cara casa de Ana con la única condición de que llegaríamos solo hasta donde uno pusiese el máximo, sin meditar que llegaríamos más lejos de esas caricias o bien besos.

Que equivocada estaba cuando llegamos a casa de Ana. Nos besamos sin darnos tiempo ni de soltar las llaves. Los besos eran poco a poco más urgentes, las manos volaban sobre nuestra ropa, me encantaba la sensación de que mi cuerpo lo desease, apreciar que su cuerpo respondía con exactamente las mismas emergencias que el mío. Me puso caliente, húmeda, no recordaba eso. Hace unos años que empleo lubrificantes en mis relaciones por lo dolorosas que acostumbran a ser, mas en esos instantes no hacía falta nada. Estaba absolutamente rendida. Cuando sus manos pasaron sobre mi tanguita estaba chorreando. “¿Tienes ganas?”, me preguntó. Era evidente que ¡muchas! Sus dedos entraron en mi húmedo sexo tal y como si nada, provocó una subida de mi temperatura inconcebible. Con complejidad pude desabrochar su pantalón, estaba tan excitado como . Me agradó sostenerla en mi mano, apreciar lo dura que estaba, la movía velozmente mas Ángel me afirmaba al oído, “no corras tanto, no deseo que se acabe ya antes de empezar”. Sus dedos eran fantásticos, de qué forma se movían en mi, estaba a puntito de irme. Mas proseguía negándome que le tocara, deseaba que disfrutara ya antes de mi clímax. Fue exquisito correrme entre sus dedos, jamás ya antes me había corrido de esa forma.

No lo comprendía, gozaba del sexo con mi pareja, o bien eso creía. Ángel deseaba que gozara más aún, cuando al fin quedé exhausta del clímax. Pude tocarle, fue exquisito meter el pene en mi boca. Estaba caliente, duro, con ganas de continuar. Gozaba de sentir de qué manera respondía a mis caricias. Sus manos comenzaron nuevamente a tocarme los pechos, apretándome los pezones, me hacía arder cada vez más y más. Con el pene en la boca, me afirmó que no tuviese prisa: “Ahora me toca divertirme con tu sexo”. Al comienzo no podía abrir las piernas, me daba vergüenza verle entre ellas mientras que su lengua entraba, lamia y chupaba mi clítoris. Me puso de pie, besándome los pechos. Bajó hasta quedar de rodillas en el suelo, abrió mis piernas, volvió a tomarme, tomar de mis fluidos, sus dedos entraron asimismo en mi vagina, estaba prácticamente a punto cuando le empujé hasta llegar a la cama. Me senté encima de él, moviéndome arriba, abajo… Me afirmaba que no prosiguiera, que no soportaría ,que deseaba proseguir gozando de de qué manera lo pasaba, que para él es mucho más esencial que correrse. Mas estaba a puntito de explotar de placer, precisaba fusionarnos, que llegase conmigo. Fue fantástico sentir de qué forma se iba al tiempo que . Mis muslos estaban chorreando de su esperma y mis fluidos… no había tenido jamás un clímax como esa maratón a la que me estaba sometiendo Ángel.

Nos relajamos un tanto, tomamos algo para hidratarnos. Estaba más que satisfecha, toda la vida utilizando lubrificante para gozar del sexo y Ángel logra que empape todo con mis fluidos. Los clímax salían del interior de mis supones como jamás ya antes había sentido.

Sus manos son fuego en mi piel. Damos inicio a una nueva tanda de besos, caricias, hace que arda en pasión, que me estremezca solo con rozarme. Su boca es un riesgo, es experimentada en besar, su lengua en lamerme, conoce cada rincón de mi cuerpo. No comprendo de qué manera lo ha logrado. Está pendiente de todas y cada una mis reacciones para saber dónde tocarme, volverme desquiciada. Sus manos están otra vez en mi vagina, sus dedos se mueven con mucha velocidad. Vuelvo chupársela, vuelve a estar dura, con más ganas. Me pone de espaldas, me penetra desde atrás, dándome pequeños azotes en las nalgas. Toda vez que me golpea noto tal y como si fuera a reventarme las supones. Comienzo a moverme mientras que embiste. “Si no paras, volveré a correrme de nuevo”, me suelta. No deseo parar, deseo sentir esa explosión que mi cuerpo está a puntito de probar. Aprecié salir líquidos de mi ser tal y como si un grifo se abriese. Ángel llegó al clímax al tiempo, sorprendido por la manera en la que reventé. “Nunca había sentido mojarme con los fluidos de una mujer”.

¡¿De qué forma pude meditar que mis relaciones íntimas eran normales si jamás había ensayando algo tan fantástico?!

Retornamos a la vida normal del trabajo. Me enamoré Ángel, de mi amigo, mi cómplice. Es detallista, atento, cariñoso, todo cuanto una puede leer en un libro de amor que no existe jamás. La compañía le ofreció un empleo fuera, mucho mejor pagado. Admitió y se fue a otro país. Desde ese momento no sé nada de él, ni un mensaje ni una llamada. Prosigo enamorada aguardando que cualquier día se pase, creo para él fui otro polvo en su lista. No lo sé. Mas lo que sí puedo darle las gracias es esa fantástica tarde que jamás va a poder quitarme absolutamente nadie. No fue un sueño, fue real. Por una tarde fue solo mío, de ninguna otra mujer.

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