Jamás me atrajeron las mujeres de otra raza, mas esta nipona me hizo sentir cosas, que solo un oriental ha de saber.

Hola, trabajo en una galería, la Galerías Santa Fe, en Bs. As. Argentina, en un local de ropa tomas. Mi tía es la dueña y como me quede sin trabajo me ofreció trabajar allá. Las comisiones son buenas mas lo mejor es el desfile de “mamitas” que tengo todos y cada uno de los días. Del mismo modo mi historia no guarda relación con esas deseables mujeres con los pechos hinchados llenos de leche. Mi historia ha de ver con la dueña de otro local próximo al mio.

Esta galería es bastante singular puesto que depende la temporada del año en que aparece un local nuevo, exactamente el mismo puede perdurar tres meses o bien quedarse por siempre como el de mi tía que lleva pero de veinte años.

Ella lleva por nombre Andrea y es descendiente de nipones. Es natural de argentina, mas evidentemente sus rasgos son orientales.

Yo jamás me había sentido atraído por mujeres de otras razas, ni negras, ni orientales, etcétera atención, no soy racista ni nada de eso, sencillamente no me atraían, hasta el momento en que empecé a tratar a Andrea.

Ella venia y me solicitaba cambio, o bien me invitaba con una galletita, o bien sencillamente en la hora tras el almuerzo en que pasaba menos gente, venia y me daba charla.

Yo mucha bola no le daba, hasta el momento en que un día la vi de espalda, no sabia que era , y me afirmé, que buen trasero, que buenas piernas, la vi caminando y note como los músculos de sus piernas se marcaban, pese a no hacer ejercicio tenia el cuerpo marcado y fibroso, según ella era una cuestión genética, no se bien que era, mas me comenzó a agradar desde ese lado, pero tarde me gusto su acento, su boca, sus ojos. No se pues mas toda vez que la veía, la veía pero sensual. Utilizaba unas minifaldas infartantes y unas remeritas o bien camisas sin corpiño que en ocasiones dejaban ver sus pezones.

Ella estaba casada, mas su esposo acostumbraba a salir de viaje puesto que importaba productos desde japón y china para argentina, con lo que acostumbraba a ausentarse múltiples días y en ocasiones semanas.

En esos días venia y se quedaba pero tiempo en mi local.

Un día, estando en mi local se corto la luz, era un corte general del que estábamos habituados por la sobrecarga de electricidad, ya había cerrado su local y comíamos galletitas y gaseosa como merienda. Le solicité que me cuidara el local mientras que iba al sótano a buscar un farol que utilizábamos en estos casos.

O.K., baje de manera cuidadosa y en la penumbra empecé a buscar el farol, cuando lo hallé y lo encendí, me doy vuelta y Andrea estaba al pie de la escalera mirándome fijamente, le afirmé que me había atemorizado pues no la había escuchado bajar, me afirmó que tenia temor a la obscuridad y de ahí que no deseaba estar sola. Yo me acerque para subir mas no me dejaba pasar, hubo un pequeño roce o bien forcejeo y me puso sus manos en torno a mi cuello y me dio un beso en la boca. Yo apoye el farol en el peldaño y la abrace fuerte, estrechando pero su cuerpo, empecé a degustar su lengua, no se pues mas sentía una excitación pero fuerte que con otras mujeres con las que había estado, sentía que solo con ese beso iba a eyacular, era un beso erótico, lleno de pasión y juego, su lengua se movía agitadamente en mi boca y era como que no se fatigaba de explorarme, era una sensación extraña de ser dominado por un beso, estaba como hipnotizado, su perfume, la presión de sus tetas sobre mi pecho, la solidez de su cuerpo, tenia una erección que en cualquier instante rompía mi pantalón.

La alce con mis manos bajo sus piernas, hizo un movimiento envolvente con sus piernas y la fui llevando cara un sofá que tenia en el sótano, que había llevado al mudarme a un departamento pero muchacho debido a la crisis económica, y que no tenia donde dejar y mi tía me dejaba guardarlo allá y que de cuando en cuando lo usaba para dormir la siesta en esos días de lluvia en que el movimiento en la galería era escaso. Mas jamás había sido usado para lo que iba a acontecer con Andrea, mi amiga nipona.

La senté en el sofá, mas enseguida me hizo sentar a mi, se arrodillo sobre el piso, y empezó a acariciarme sobre el pantalón, sentía como mis jugos preseminales salían y salían y manchaban mi slip, me miraba continuamente a los ojos, y cara ademanes como los que cara siempre y en todo momento, mas que en este contexto eran plenamente sensuales, como pasarse la lengua por los labios, era algo que cara siempre y en todo momento, mas ahora lo cara pero de forma lenta, entornaba los ojos, mas con la boca abierta, era una imagen puramente sexual.

Con su ayuda pude bajarme el pantalón y el slip hasta el piso, y mi miembro quedo brilloso y absolutamente expuesto.

Ella empezó a masturbarme y a hablarme mientras que lo cara, como a sabiendas de que su acento era sensual.

Fue acercando su boca y después de unas pasadas de su lengua, se lo fue metiendo en su boca, gimiendo y acariciando mis huevos con su mano, y después con su lengua. A todo esto, había logrado quitarle la camisa que tenia y le masajeaba las tetas que tenían una solidez increíble, y unos pezones chiquititos y duros.

Trataba de meterle mano bajo su pollera, mas por la situación en que estábamos no lo dejaba, y toda vez que deseaba mudar yo de situación me cara algo sumamente agradable que me impedía moverme.

El sótano estaba en penumbras y como el farol había quedado encendido al pie de la escalera, o sea detrás de ella, podía ver su silueta alumbrada, podía ver el brillo de su transpiración.

No se como hizo, mas en un instante ya no tenia la pollera, y según parece tampoco utilizaba bombacha con lo que pude verla absolutamente desnuda en frente de mi.

Se sentó en frente de mi y progresivo besándome en la boca, en las orejas, en mis pezones, era increíble. Intente penetrarla estando en esa situación, mas fue inútil. Por último se dio vuelta, dándome la espalda, y poco a poco se fue acomodando sobre mi, se aproximaba y al menor contacto conmigo se salia, de esta forma múltiples veces hasta el momento en que de un empujón la tire para abajo y dando un grito de placer, entre totalmente dentro de ella. Yo no me podía desplazar mucho, era la que debía hacerlo y lo cara ejercitando presión de su concha sobre mi miembro, con lo que la sensación era sumamente agradable.

Yo la acariciaba desde atrás, los pechos, la boca, besaba su espalda y mordía sus hombros, y gemía ante cada entrada y salida de mi miembro.

Empezó a moverse en forma rítmica mas mucho pero veloz. Yo hacia un esmero para no acabar, mas sabia lo que cara y con dos movimientos pero concluya dentro suyo con un grito de placer que se debe haber escuchado en toda la galería.

Ahora estas practicas se han vuelto rutinarias, convenci a mi tía de cerrar a la siesta pues no hay movimiento y prepare el sótano en forma pero agradable, “coincidentemente” tenía un jergón de más en mi casa y lo lleve. Andrea cambio su horario de atención asimismo, con lo que pasamos unas tardes maravillosamente.

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