tengo cuarenta años, estoy casado sin hijos, desde hace doce años. Mi empresa tiene sus oficinas fuera de la urbe y, cada tarde, cuando salgo del trabajo paso por delante de un instituto religioso. Me agrada ver a las colegialas con su uniformes de falda azul y camisas blancas. Desde siempre y en todo momento me he sentido atraído por estas pequeñas ninfas, mas jamás había podido imaginar que podría llegar intimar con una de ellas.

El mes pasado de octubre, cuando salía del trabajo a eso de las cinco,30 de la tarde pasé, como todos y cada uno de los días, por delante de la parada del autobús. La verdad es que ese día iba un tanto retrasado puesto que prácticamente siempre y en toda circunstancia paso sobre las cinco. En la parada había una colegiala que hacía auto-stop. Dude si parar mas. por último me decidí ha hacerlo. Me preguntó cara donde iba y le afirmé que cara el camino Zorrilla. Como le venía bien subió. Le pregunté el motivo por el cual no había tomado el Autobus del instituto y me afirmó que se había retrasado repasando ciertos deberes. Empecé a hablarle de mis tiempos de escolar y, para mi sorpresa prosiguió mis explicaciones con atención. En uno de los semáforos me viré para observarla. Era una monada, morena, con unos pechitos apuntando bajo su camisa, las piernas morenas asimismo paro blanca en contraste con su falda azul marino. Le pregunté qué curso hacía, primero de ESO. Como no estoy al día del sistema educativo (hace unos años que acabé mi carrera) le solicité que me contara cuales eran las materias que estudiaba. Cuando llegamos cerca de su casa me solicitó que parase y se despidió de mi con un “Hasta luego”.

Todo prosiguió igual hasta el momento en que, una tarde volví a pasar frente al instituto de Ale (Alejandría). Cuál sería mi alegría cuando la vi parada, aguardando el Autobus. Como estaba sola (eran las cinco,15) toqué la bocina y la saludé. Con una señal la invité a subir al turismo y lo hizo. Le pregunté como era que proseguía llegando tarde al Autobus. Charlando mientras que nos aproximábamos a Valladolid, se me ocurrió ir un tanto pero allí con Ale y le afirmé que si deseaba tomas un refresco. Para mi sorpresa me afirmó que sí “Ya nos conocemos”. Pensé de manera rápida donde llevarla que no me conociesen y me acordé de un bar de carretera, camino de MEDINA. Cuando llegamos no había pero que 2 paisanos y nos sentamos en el fondo del local. Solicitó su refresco y, una cerveza.

Mientras que empezamos una charla sobre una película que habían estrenado esa semana, le fui dando vueltas a la cabeza, para continuar una estrategia que me dejase acceder a su confianza. Su charla era confiada y franca, le pregunté por su familia y amigos. Tenía catorce años y es hija de una viuda y, desde hacía tiempo vive con sus abuelos, puesto que su madre trabaja fuera. Le pregunté si no se aburría con ellos y me confesó que tenía inconvenientes para ir al cine y salir con sus amigas. Mas la dejaban quedarse en el instituto estudiando un tanto pero. De ahí que la veía cuando no quedaban otras estudiantes.

No me atrevía a ir pero lejos y la acompañé hasta cerca de su casa, con la promesa de pasar a recogerla cada miércoles, que es el día que se quedaba a estudiar. La verdad es que, cuando le planteé regresar por semana siguiente me afirmó que le daba un tanto de corte. “No te preocupes, solo soy un amigo que te va a acompañar hasta casa”. Y eso hice.

A lo largo de todo el resto del mes, y el de noviembre, pasé a recogerla todos los miércoles a las cinco,15. Íbamos a diferentes sitios y, como tenía tiempo hasta las ocho de la noche para retornar fuimos a diferentes sitios pero o bien menos próximos a Valladolid. Le tomaba la mano y, como mide uno con sesenta y cinco metros le afirmaba que parecíamos novios. Ella se ruborizaba y me afirmaba que pero bien padre y también hija.

La confianza que teníamos era grande y un día le pregunté si ya había tenido la regla. Se puso roja y me afirmó que desde el año precedente. No pude contenerme y la abracé y le di un beso. Puro beso en la mejilla. Decidí que era el instante de avanzar con ella. Tenía la pretensión de copular con ella y enseñarla aquellas cosa que sabía sobre el sexo.

Tengo un piso alquilado, desde ya antes de casarme, que sostengo en secreto y solo conocen mis amigos de fiestas (la verdad es que es de renta vieja y solo me cuesta cinco.000 pesetas por mes). Lo tengo montado como “picadero”.

Una de las tardes que la fui a buscar le planteé ir al cine juntos. Ponían una película para mayores de dieciocho, violenta y con algo de sexo. Como le murió bien fuimos al cine. Para eludir hallarme con conocidos nos fuimos a Palencia que es una urbe próxima a Valladolid. Nos sentamos en la parte posterior de la sala. Al concluir le pregunté que le había semejado “Bien” y “¿que te pareció cuando la chavala se fue con su tío al campo?” (El interrogante era obligada puesto que la protagonista tiene un muy caliente romance con su tío, tiene dieciocho años). Se puso roja y le afirmé si le daba “corte” charlar del tema. “Un poco”, le expliqué que no debía tenerlo, que era normar charlar de esos temas. “Pero no con un hombre mayor” me di cuenta que era una vía de acceder a ella y proseguí hablando del tema. Ale tenía curiosidad, mas no se atrevía a hacerme preguntas. De manera que le planteé charlar de ello otro día (se nos hacía tarde).

El primer miércoles de diciembre del noventa y siete la recogí y le planteé ir mi casa para no estar en la calle, puesto que hacía frío. “Estará tu mujer”, “No, vamos a ir a mi casa de cuando era soltero ¿Te semeja?”. Estuvo conforme, mas me afirmó que ese día tenía prisa por que sus abuelos se iban a la capital de España, dejándola sola el resto de la semana, le planteé vernos al día después, con pero calma. Ella llamó al instituto, tras las clases de la mañana y la recogí en un lugar acordado a las dos de la tarde. y fuimos a mi “picadero”.

Yo había preparado la casa y arrendé 2 películas, una bastante fuerte, mas para mayores de dieciocho años y, otra prono. No sabía como la emplearía, de manera que cuando llegamos a la casa (a propósito dejé conectada la calefacción al límite), se la enseñé deteniéndome en el dormitorio pero de lo normal, deseaba que se acostumbrase a entrar en él.

Le serví una Coca y nos sentamos en el sofá, en frente de la TV. Puse la película fuerte y le afirmé que era una de mis preferidas. Era Lolita, la película sobre el libro de Nabokov. Como había hecho en el cine la semana precedente la tomé la mano y, después, le puse el brazo sobre su cuello, acercándola a mí. ¿Estas cómoda de esta forma? respondió que si, mas que tenía calor.

“Quítate el jersey”, lo hizo. Debo decir que me aloqueció verla con su camisa blanca y su rodillas sobre saliendo bajo su falda. La aproximé pero a mí, conforme Lolita y su seductor comenzaban sus correrías.

Yo tenía el pene a reventar, peor no deseaba deteriorar este instante, siendo demasiado impetuoso. Con mi mano le acaricié la cabeza y empecé a tocar su oreja, no sabía como romper el pequeño puro de su poquedad. De esta forma proseguimos el resto de la película. Cuando acabó le pregunté que le parecía. Le afirmé que era una película sobre algo normal, como la iniciación de una pequeña por un hombre mayor. “¿Te has dado cuenta de que tienes prácticamente la edad de Lolita?”. Se puso roja y aproveché para tomarla de su barbilla y besarle al lado de sus labios. Como me devolvió el beso lo hice sobre sus labios.

Estaba roja como un tomate y desprendía calor. “¿Has visto como copulan un hombre y una mujer?, ¿Deseas verlo?”. No me respondió mas me levanté y puse la película porno. Había escogido una en la que un hombre mayor empezaba en el sexo a una adolescente (como en todas y cada una de las películas de este género la adolescente debía tener veintiuno años).

Observe a Ale cuando el hombre desnudo a la muchacha en la pantalla. estaba roja y me dio la sensación de que a punto. Le tome de los hombros y la acerque a mi. Me beso todas y cada una de las veces que se los solicité. En un instante determinado la puse de pies ante mí y empecé a desabrocharle la camisa. “No te preocupes”, se la quité o bien vi un pequeño sostén blanco que cubría el par de tetas pero bello que he visto, se lo quité y le acaricié el pecho, se le puso duro. En la tele el hombre le quitó la falda a la chavala y hice los mismo con Ale. Sus bragas eran asimismo blancas, mas me día cuenta que tenía una compresa. ¿Tienes la regla? Si. Eso no me venía mal, puesto que debería contenerme para no penetrarla ese día, habría otros.
La senté a mi lado y le afirmé que observara lo que hacía la chavala. En ese instante le chupaba el pene al hombre. Yo me abría los pantalones y saqué le mío. “¡Mira como es realmente!”. desde entonces me expuse mucho. Podía haberle atemorizado si bien, pensé, a esta altura no creo que se asuste. Y no lo hizo, puse su mano sobre mi pene y la dejé allá. En la película el hombre puso a la chavala sobre él, sentado en una silla. Ya acaricié a Ale y le chupé sus tetas. prácticamente me corro del gusto. eran pequeñas, suaves y virginales. Le afirmé que si le agradaba ¿Si!, ¿Deseas que prosiga?, ¡Si!. Le puse la mano sobre sus braguitas, sobre su coño.

Procuré su clítoris y se lo acaricié. Se corrió en un minuto. Estaba “cachonda” y respondería a mis solicitudes. Cuando se recupero le pregunté si era el primero ¡Si!.

La hice ponerse de rodillas ante mí y le solicitaba que besase mi pene. Lo hizo, ¡Chúpamelo!. Abrió su boca y me chupo el balano, lo hizo con cautela. “¿Deseas conocer su sabor?”. Aseveró con la cabeza, mientras que proseguía chupandomela. Le informé cuando iba a eyacular. Le sujeté la cabeza, a fin de que no se retirase y le dejé mi carga en su boca.

Se la tragó toda. Mi experiencia me afirma que, en estos casos, van a ser buenas folladoras, mas debía aguardarme a que dejase de tener la regla.

Eran las cinco, treinta de la tarde y no sentamos juntos en el sofá. ¿Te ha agradado, verdad que es agradable?. ¡Si, me ha agradado y su sabor asimismo!. La llevé a la cama y la deposité boca. abajo, empezando a besarle la espalda. Le agradó y proseguí, hasta el momento en que sentí un estremecimiento en su cuerpo. Era su segundo clímax. Esta pequeña era un placer. Ni en mis mejores sueñas había previsto algo de este modo. Le di la vuelta y me puse sobre ella. “Mira como es un hombre”, me tocó los testículos y los chupó a solicitud mía. De esta forma estuvimos un rato y me corrí sobre su cara.

Deseaba que no le sorprendiese. En un caso así se volvió a poner roja.” ¿Te da vergüenza?.. Un poco”, “No debe dártela, es normal” ¿Mas te agrada haber venido? ¡Si!. No pude contenerme y la abracé con todas y cada una mis ganas. “Eres una maravilla, pequeñina y ya una mujer”.

Estuvimos en cama hasta las ocho, besandonos y acariciandonos. La llevé a su casa y quedamos para el día después.

Cuando pasé a recogerla me admire de su juventud y lozanía. levaba su falda azul marino y se veían sus rodillas. Cuando subió al turismo no pude contenerme y la bese, tras haber mirado alrededor por si acaso nos observaban. Fuimos de forma directa a mi casa.

La abrace y le fui quitando su 3 cuartos y su suéter. Se quedó ante mí con su camisa blanca, su falda y sus medias azules. La llevé cara el salón y la fui besando mientras que la desvestía. llevaba sus bragas blanca y note que no tenía la compresa. ¿Ya estás buena?, Si. Ello me alegró y pasé al siguiente plan, penetrarla.

Como no que ría atemorizarla opté por desvestirme, sentarme en una silla y aproximarla a mí . La hice aparta sus piernas, poniendolas a los lados de las mías, y quedarse de esta forma, de pies, con sus piernas separadas, sobre mi pene plenamente erecto. Con mi mano tomé la suya y le acaricié los labios de su vagina. Entonces fui solo el que lo hizo. la puse de este modo, a fin de que no se cubriese su rajita, si le daba por mostrarse tímida. He hice bien, cuando la acaricie me miró con ojos de cordero a medio fallecer, mas no se cubrió la rajita. Yo la bese en la boca y, con la otra mano le acaricié las tetas, mientras que con mi mano derecha le apartaba los labios vaginales y le acariciaba. Le dio tanto gusto que prácticamente se cae al suelo, de manera que la senté en frente de mi, sobre mis rodillas. Con mi mano derecha proseguí acariciando su rajita y su clítoris. Se corrió un par de veces.

Desde entonces estaba cachonda y presta a todo.

La verdad es que era como un corderito. Le solicitaba que tomara mi pene y lo hizo. le solicité que lo apuntase en frente de su coño y puso mi balano justo en la puesta de su rajita. Levanté sus piernas y le hice ponerlas en la banqueta de la silla, apartando todavía pero su rajita. Entonces puse mi pene sobre ella y le estregué. Sus ojos se quedaron blancos de gusto que le dio.

“¿Te agrada? ¡Siii!” “¿Deseas que te la meta?”, me miró con cara de no comprender. “Quieres que haga como en la película de el día de ayer?”, asintió con su cabeza y presioné en la boca de su cueva. Era cálida como el fuego. Aproximé su culo cara mí y hice un tanto de fuerza, la justa a fin de que toqué la telilla de su virginidad. Demore la penetración, tenía espasmos tal y como si fuera a tener un enorme clímax, y lo tuvo. Fue increíble sus pechos se pusieron duros y su vagina apretó mi balano. Esto hizo que me corriese, Fue un enorme clímax.

Pensad que había montado todo esto para tirarmela, y lo hacía. La abracé contra mi pecho diciendola lo mucho que la quería. “Yo asimismo te quiero” me afirmó.

Se me proponía un problema, la penetraba ya, cuando mi pene se pusiese duro, o bien aguardaba un tanto, a fin de que me solicitase que la penetrase.

Opté por lo primero (Pero vale pájaro en mano que ciento volando), la llevé a la cama y la deposité en ella. Estaba tendida boca arriba, con unos ojos de lascivia que no había visto en un buen tiempo. Levanté sus rodillas y puse la almohada bajo su culo. Mi pene estaba en la boca de su vagina y comencé a penetrarla de manera lenta. Se corrió cuando todavía no había intentado forzar la entrada. De manera que, mientras que se corría, la penetré hasta el fondo. Dio un grito “¡Me haces daño!” “No te preocupes mi amor, ahora me quedo dentro quieto y ya no te duele ¿cierto??”. De este modo lo hice y, la pequeña le calmo. Empecé a moverme a dentro y a fuera y se puso a 100, estaba realmente excitada. lloraba de gusto y reía al tiempo. Nos corrimos al tiempo. Fue magnífico.

Tras esa vez hemos quedado muchas pero, que os voy a contar en otra ocasión. Además de esto su culo estaba aguardando una visita mía.

Parte dos
Mi relación con Ale prosiguió siendo muy provechosa, para los dos, a lo largo de los meses siguiente.

Ella despertó a la sexualidad. Imaginaos una niña de catorce años, cumplió quince en el mes de febrero del noventa y ocho, a la que comencé en el sexo. Floreció como un capullo. Sus tetas medraron y se hicieron pero firmes mas, lo mejor fue ver como su coño, estrecho en el mes de noviembre, cuando la penetré por vez primera, se fue ensanchando.

Lo cierto es que, los mese siguientes fueron de un ritmo follado increíble. Nos veíamos semana a semana. Ella asistía a mi casa, de forma directa desde el instituto. Yo la aguardaba impaciente, conforme llegaba la besaba y la desvestía. En múltiples ocasiones solo le quité las bragas, tumbándola encima de la mesa de la cocina. Allá su coño quedaba expuesto a mis miradas y a mi pene. la penetraba despacio, a fin de que sintiese como entraba en ella mi barra, erecta y dura. Me ponía a 100 verla con su uniforme de colegiala, y mi pene dentro de ella. Cuando anidaba en su interior la dejaba allá, para ensancharle el coño. En esa postura, sus piernas sobre mis hombros, le sacaba las tetas y se la chupaba, besaba y lo que se me ocurriera.

Desde la primera semana que me la follé, se plegaba a mis solicitudes. En una ocasión la hice ir al instituto sin sus braguitas. La verdad es que pasó frío, mas le agradó. El ir sin sostén era normal, primero por que sus tetas eras pequeñas mas, con el tiempo se hicieron grandes y era un primor ver como se le balanceaban al caminar.

Algún sábado quedamos y nos fuimos juntos a Palencia, donde en el cine le metía mano en sus agujeros, incluido su culo.

Otras tardes nos subíamos a mi turismo y , mientras que conducía por las carteras, me sacaba el pene y me hacía unas felaciones de impresión. se había vuelto una virtuosa del chupeteo.

Una tarde decidí que era hora de ensanchar su trasero. Tras un rato besandonos le introduje mi dedo, anteriormente lubrificado con saliva, en su ano. Brincó sorprendida y le afirmé “Tranquila, vas a ver que gusto sientes”, como era frecuente me dejo hacer. De manera que la puse sobre mi en cama y le hice clavarse mi pene en su coño. De esta guisa le introduje el dedo en su ano. salto hacía delante mas se calmó. Empecé a desplazar mi dedo, mientras que tenía mi pene en su coño. No se si se corrió por mis toqueteos del ano o bien por sentir mi polla en su coño. La verdad es que tuvo un buen clímax.

Le hice desmontar y la llevé a la cocina, la altura de la mesa era ideal para la penetración anal. Se puso en la situación que le solicité, sus tetas sobre ella mesa y el trasero sobresaliendo, le lubrique el ano con aceite de la cocina y puse mi pene en su culo. lo cierto es que me costó penetrar, tenía el esfínter estrecho y se hizo preciso hacer fuerza, mas por último cedió y penetre dentro de ella. Empecé a entrar y salir, mientras que le apretaba los pezones y le metía 2 dedos en su vagina. Le acaricié el clítoris y, como me aguardaba, empezó a agradarle ser penetrada. Me solicitó que la sacara y la metiese pero despacio y lo hice, hasta el momento en que se corrió. Entonces le deje mi semen en su interior.

tensión el pene de él entró hasta el límite de la toalla. Pregunté a Ale si le hacía daño y afirmó “Ahora no”, esto fue la señal para Daniel, empezó a entrar y salir, mientras que subía su excitación y la de Ale. Por último se corrió dentro de ella, ríos de semen salían del pequeño coño cuando se retiró. ¿Cuanto hacía que no follabas?, con una pequeña como esta mucho”

Me fije en Ale, se había quedado llena y relajada, como asimilando lo que había hecho. Le besé y la puse a 4 patas sobre la cama, unté mi pene con aceite y se lo introduje por el culo.

Cuando se corrió nuevamente, lloró. Me amedrenté y le pregunté que le pasaba “Me ha puesto nerviosísima, me ha agradado mucho, con Daniel y contigo” ¿Mas no te hemos hecho daño? No”.

Mire a Daniel y le guiñe el ojo , tendríamos folladora para su estancia en Valladolid, como de este modo fue. Hasta el treinta y uno de Agosto nos follamos a Ale, cuando menos 4 veces al día, aun una vez se puso sobre mí, que la penetraba por el coño, mientras que Daniel la enculaba, de forma cuidadosa para no desgarrarla. Menos mal que fue en casa de él, un chalé apartado, de otra forma los chillidos de pasión de los 3, sobre todo de ella (que chillaba cuando se corría) hubiesen alertado a los vecinos.

Cuando Daniel se fue prometió regresar en Navidades. Cuando le dejamos en el aeropuerto volvimos a mi casa, la penetré y me quedé dentro de ella, sentados uno en frente de otro, en una silla, hasta el momento en que se corrió nuevamente y se durmió en mis brazos. La noche precedente había pedido permiso a sus abuelos para dormir en la casa de una amiga. La pasó con Daniel que se la tiró en todas y cada una de las posturas y situaciones que se le ocurrieron. Cuando llegó a su destino me llamó y me afirmó que la conservara. “Es un tesoro, cuando medre no va a haber tío que la satisfaga, a menos que se los monte muy bien”.

Mi relación con Ale ha continuado hasta el momento. Hemos seguido viendonos y he mejorado sus conocimientos sobre la relaciones íntimas.

En los últimos meses me he empeñado en que se meta en la boca mi polla. Poquito a poco lo ha ido logrando. Ahora se la mete entera, de manera que, su nariz cuando hacemos el sesenta y nueve, toca mis huevos y me hace cosquillas. Le cabe el pene entero en su boca. Qué nos depara el futuro es una cosa que os proseguiré contando si me resulta posible.FIN.

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