En esta urbe hay un fenómeno y es que las niponas se gradúan y vienen a aventurar, a hacer lo que no pueden hacer en su país, donde existen muchas reglas sociales, muchas limitaciones. La conocí en clases de inglés y me agradó desde el principio, siempre y en toda circunstancia trataba de hablarle, de aproximarme, mas se inhibía, no me charlaba, no comprendía mis comentarios, mis rechistes y me miraba mal. Para romper el hielo le cantaba la canción de la Abeja Maya, con eso se relajaba y se reía. (Las partes más eficaces para besar a una mujer)

Cuando salíamos, andaba siempre y en toda circunstancia tras mí, y entonces yo por incordiarla andaba en círculos o bien sin rumbo, y siempre y en toda circunstancia ahí, detrás. Me dio saña y le pregunté por qué razón hacía eso; me respondió que en el país nipón las mujeres lo hacían por el hecho de que están en un nivel más bajo que el hombre. Era muy seca, si la acariciaba, me afirmaba que no lo hiciese. De este modo estuvimos una semana, hasta el momento en que un día me llamó a fin de que charláramos. Nos sentamos y me preguntó que qué deseaba. Le afirmé que nada, que me agradaba y que saliésemos a ver qué pasaba. Ella me afirmó que sí, y que iba a haber mucha pressure (presión); le comprendí que iba a haber mucho pleasure (placer) y me conmoví.

El sexo con una oriental es muy, muy diferente a lo que se puede tener con una gringa, que va a un lugar, se deja invitar a un trago y listo, finaliza esa noche teniendo, a la fija, un rato de sexo. La primera vez con Maya fue en verano, y por la temporada lo hacíamos todos y cada uno de los días. La primera cosa que me impactó fue el vello púbico, plenamente plano. Además de esto, la vagina es más pequeña que la de una occidental. Con ella no es cuestión de velocidad. Se toma su tiempo para hacer cada cosa y no entran ganas de finalizar nunca; hemos pasado noches enteras en exactamente el mismo polvo. Sus masajes son la insensatez, sabe relajar cada una parte del cuerpo y eso que nunca ha estudiado nada a este respecto. (La guerrillera y el soldado que se enamoraron)

Ella no habla por los codos en cama, mas le chifla que le afirme hasta misa. En comparación con tamaño, uno está mejor dotado que los orientales, que le hacen honor a su fama. Cuando lo ve pone esa cara de sorpresa propia de los orientales y afirma “Oh, big” o bien “hurts!”.

Ella no habla por los codos en la cama, pero le encanta que le diga hasta misa. Con respecto al tamaño, uno está mejor dotado que los orientales, que le hacen honor a su fama. Cuando lo ve pone esa cara de sorpresa típica de los orientales y dice “Oh, big” o “hurts!”.

Con ella cada parte es esencial y enigmática, no hay besos apasionados públicamente, mas en el momento en que me da un beso en la mejilla, se ruboriza y a mí se me revuelve todo… ya sé lo que pasará en la casa. Es como regresar a la adolescencia, cuando uno soñaba con el primer beso y después con el primer polvo y era como llegar al cielo. (Una experiencia pasaba en aceite)

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